Hace poco escuché una idea que se me quedó grabada: la puntualidad y la forma de vestir dicen mucho del respeto que tienes por la persona con la que te vas a reunir. Antes de abrir la boca, ya has dicho mucho de ti. Y en un negocio propio, la puntualidad dice algo todavía más importante: cuánto vale tu palabra. Te cuento por qué lo creo, con lo que he visto como empresario y lo que veo hoy en la venta directa.

¿Qué pasa cuando llegas tarde a alguien que tiene lo que tú buscas?

En el club de viajes con el que desarrollo mi negocio hacemos mucha formación: liderazgo, negocio y mentalidad. Casi toda la dan personas que ya tienen grandes resultados.

Hace dos o tres años, una de esas personas vino a dar una formación a Valencia, su tierra, en una oficina que había montado él. Cabían 30 personas. Vinimos 15.

Y de esos 15, cinco llegaron tarde.

A esta persona mucha gente la conoció cuando empezaba. Vamos a llamarlo Jorgito, el chaval que no paraba. Hoy gana más de dos millones de euros al año con este negocio. De beneficio, no de facturación. Y sigue siendo cercano: no se lo ha creído, no se ha vuelto distante. Por eso mucha gente lo sigue viendo como Jorgito.

Yo tengo buena relación con él. Podemos quedar a cenar y hablar casi como amigos. Pero cuando hablamos de negocio, tiene los resultados que yo llevo años buscando. Y no hablo solo de dinero: hablo de calidad de vida.

Además, en nuestras formaciones nadie gana nada. Pagamos la sala y el equipo de sonido entre todos. Si somos cien, tocamos a unos veinte euros por cabeza.

Y aun así, la gente se permitía llegar tarde. Me sorprende muchísimo. Y luego se preguntan por qué no tienen resultados.

¿Cómo se gestiona la puntualidad en una empresa de 50 personas?

En mi empresa de fotografía la norma era sencilla: si has quedado con un cliente a una hora, has quedado a esa hora. Y había que llegar cinco minutos antes. Punto. Da igual que fueran las ocho de la mañana o las siete de la tarde.

Teníamos muchas citas cerradas y muchos desplazamientos, así que podía pasar algo. Lo entendía. Pero también había que ser puntual avisando. Si media hora o una hora antes veías que ibas a llegar tarde, llamabas en ese momento: "Ha pasado esto, voy a llegar tarde, lo siento mucho, voy a intentar compensarlo así".

No controlas las carreteras. Lo que sí controlas es cuándo avisas.

En la oficina, igual. Al principio era más flexible: te permitía tres, cuatro o cinco minutos si me lo justificabas. Con el tiempo lo cambié al revés. Había que llegar entre cinco y diez minutos antes, para empezar en punto y que nadie se comiera el tiempo de nadie.

¿Qué piensa la otra persona si llegas tarde a una primera reunión?

Que ya le estás hablando.

Me pasa con gente que quiere conocer el negocio y con gente que quiere viajar. Muchos piensan que soy yo el que les está vendiendo. Y es al revés: son ellos los que se están vendiendo a mí. Soy yo quien decide si trabajamos juntos.

No tengo necesidad de venderle a todo el mundo. En el negocio busco como mucho cuatro personas nuevas al mes, y normalmente me centro en una o dos para dedicarles tiempo de verdad. En viajes, como mucho diez. Prefiero pocos y bien.

Así que, cuando alguien llega tarde, no se da cuenta de que no se está vendiendo bien. Y es más probable que acabe diciéndole "creo que esto no es para ti" que lo contrario.

Si no cumples con la hora, con tu presupuesto, con tu tiempo o con tu palabra, me vas a tener que convencer mucho para que empecemos a trabajar juntos. La gente tiene en sus manos mucho más de lo que cree. Y lo pierde por diez minutos.

¿Se puede aprender a ser puntual?

Sí. Yo lo aprendí.

Antes no era nada puntual. Para mí no era un valor. He perdido oportunidades por no llegar a tiempo, de negocio y personales. Unas veces se gana y otras se aprende.

Hoy creo que soy muy puntual. Para mí, ser puntual es estar antes de tiempo.

Aun así, a veces llego tarde. Y cuando pasa, me fijo mucho, porque me está diciendo algo: que eso no era tan importante para mí. Entonces me lo pregunto en serio: ¿esto me importa de verdad? Si la respuesta es sí, lo cambio. Si dudo, igual es que no era para mí.

¿La puntualidad es solo llegar a la hora?

No. La puntualidad es cumplir tu palabra. Es contestar cuando dijiste y entregar cuando dijiste.

Y aquí te soy sincero: con las citas cumplo, pero con las entregas a veces fallo. Digo que algo estará un día y tardo más. Otras veces lo tengo mucho antes.

En una entrega, para mí lo importante es que esté bien. Pero tengo un límite: si dije esta semana, como mucho se va a principios de la siguiente. Si dije el miércoles, se puede ir al viernes. No más.

También es una gestión. Y también se aprende.

¿Por qué en la venta directa se nota tanto quién es puntual?

Porque nadie te controla. Aquí no tienes jefes ni empleados, y con los clientes la empresa ya cumple su parte. Lo que queda depende solo de ti: de tu palabra y de cómo la haces cumplir. Lo explico más en qué cambia cuando pasas de un negocio tradicional a la venta directa.

Mucha gente piensa que en este tipo de negocio hay pocas personas con resultados porque es piramidal. No es eso. Pasa como en cualquier sitio: exige capacidades personales, tener claro lo que quieres y cumplir lo que dices. Y el único que mide si lo haces eres tú.

La mayoría falla justo ahí: no respeta su propia palabra. Parece mentira, pero es lo más difícil.

¿Cómo dejar de llegar tarde siempre?

Aprendiendo a gestionar tu tiempo.

En mi experiencia, quien llega tarde no suele ser despistado. Suele pensar que puede hacer más cosas de las que realmente puede. Porque no conoce bien el proceso o no le pone foco.

Cada cosa que dices que vas a hacer tiene su tiempo: el de prepararla, el de desplazarte y el de hacerla. Apréndete ese proceso, respeta lo que dura y empieza a gestionar tu tiempo personal en serio.

En resumen

  • ¿Qué dice la puntualidad de ti? El respeto que tienes por la otra persona y lo que vale tu palabra.

  • ¿Qué hacer si vas a llegar tarde? Avisar en cuanto lo sepas, no al llegar.

  • ¿Qué transmite llegar tarde a una primera reunión? Que no te estás vendiendo bien.

  • ¿Se puede aprender a ser puntual? Sí. Yo no lo era y aprendí.

  • ¿La puntualidad es solo la hora? No. También es contestar y entregar cuando dijiste.

  • ¿Por qué importa tanto en venta directa? Porque nadie te controla: solo tu palabra.

  • ¿Cómo dejar de llegar tarde? Conociendo cuánto dura de verdad cada cosa y gestionando tu tiempo.

¿Cuándo fue la última vez que llegaste tarde a algo que de verdad te importaba?

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