Monté mi primer negocio con 21 años y, si entonces me hubieras preguntado por qué, te habría dicho que por libertad o por dinero. Tardé años en descubrir la verdad: quería que mi padre estuviera orgulloso de mí. Y no es la única vez que el reconocimiento me ha movido más de lo que pensaba. En este post te cuento qué buscaba de verdad, lo que me costó perseguir que me vieran, qué me mueve hoy y la técnica que usaría para que descubras tu propia razón.
¿Qué buscaba de verdad cuando emprendí por primera vez?
Que mi padre estuviera orgulloso de mí.
Había dejado la carrera para estudiar otra cosa, y él, que era empresario, lo había visto mal. Recuerdo pensarlo con estas palabras: "Papá, voy a hacer que estés orgulloso de mí".
Lo había mamado desde pequeño, pero mi padre nunca me había enseñado nada de empresa. La otra chispa llegó por casualidad. Por aquel entonces hacía muchos cursos, y me apunté a uno que, aunque el título no lo decía, era para aprender a montar una cooperativa.
A medida que avanzaba, flipaba. Recuerdo preguntarles a los formadores: "¿Esto es cierto? ¿Se puede vivir así?". Y me respondieron: "Claro. Lo que te estamos enseñando es lo que nosotros ya hemos hecho".
Eso me voló la cabeza. Entre ese curso y las ganas de demostrarle algo a mi padre, emprendí.
¿Me ha importado el reconocimiento más de la cuenta?
Sí. Y sin darme cuenta.
Cuando la empresa de fotografía crecía, lo que me movía era crecer, ser un buen empresario. "Mira lo grande que soy. Mira lo bueno que soy". Lo valoraba por encima del resultado del negocio y por encima de mi calidad de vida.
Estaba metido en una espiral de crecimiento, de poder y de orgullo propio. No veía que mi salud se estaba resintiendo, ni que no tenía tiempo para nada.
¿Qué me costó?
No ver las señales.
Ni el precio que estaba pagando en salud, ni el camino que estaba tomando la empresa y que más adelante la iba a poner en peligro. Cuando solo miras hacia arriba, no ves dónde pisas.
Lo que pasó después lo cuento en mi libro, Tu empresa va a quebrar, pero tú puedes sobrevivir.
¿Qué me mueve hoy?
Me da bastante igual que me reconozcan. Quizá demasiado: a veces creo que debería importarme más.
Alguna vez me entra la morriña y pienso que tendría que salir yo al escenario. Pero se me pasa rápido.
Lo que quiero hoy, por encima de todo, es una vida feliz y tranquila. Y no hablo de estar tirado en el sofá. Hablo de hacer lo que me gusta y de sentirme realizado. Lo explico mejor en ¿tu negocio te está dando libertad o te has creado otro empleo?
¿En qué se nota quien emprende para que le vean?
En que siempre quiere estar arriba.
Intenta salir en la foto, ser el primero del vídeo, hacer más ruido. Siempre habla de sus logros, de su equipo, de sus números.
Y ojo, no lo critico. Son etapas. Yo también he estado ahí, y me siento orgulloso de lo que conseguí. Simplemente, hoy eso no me motiva. Ahora me atrae más quien calla que quien habla.
¿Está mal querer reconocimiento?
No. El límite está en la intención.
Una cosa es sentirte valioso y que te guste que te reconozcan. Eso está bien. Otra muy distinta es hacer lo que sea, saltándote cualquier límite moral o personal, para que te reconozcan. Eso ya es enfermizo.
Isra Bravo lo resume muy bien: a quien le afectan mucho las críticas es porque se cree demasiado los elogios. Acepta los elogios, da las gracias, pero no te los creas demasiado. Porque si te los crees, cualquier crítica te hundirá.
Yo he estado ahí muchísimo tiempo. Y lo que he aprendido es esto: un elogio no habla de ti. Habla de lo que has hecho y de lo que ha significado para la vida de otra persona. Agradécelo y déjalo pasar.
El límite sano es ese: entender el reconocimiento y agradecerlo, pero no buscarlo ni necesitarlo.
¿Cómo descubrir por qué quieres emprender de verdad?
Más que una pregunta, haría los siete porqués.
Le preguntaría: "¿Por qué quieres emprender?". Y a la respuesta, otro "¿por qué?". Y otro. Y otro. Así hasta siete veces. Es una técnica que viene de Japón, y suele llevarte hasta la motivación de fondo.
La última respuesta es un buen punto de partida para pensar si lo que de verdad quieres merece todo lo que vas a tener que hacer. Porque créeme: vas a trabajar mucho. Como un cabrón.
En resumen
¿Qué buscaba yo al emprender? Que mi padre estuviera orgulloso de mí, aunque tardé años en darme cuenta.
¿Me importó demasiado el reconocimiento? Sí, más que el negocio y que mi calidad de vida.
¿Qué me costó? No ver las señales, ni en mi salud ni en el rumbo de la empresa.
¿Qué me mueve hoy? Una vida feliz y tranquila, haciendo lo que me gusta.
¿Cómo se nota quien emprende para que le vean? Siempre quiere estar arriba y hablar de sus logros.
¿Está mal querer reconocimiento? No. El límite está en la intención y en no necesitarlo.
¿Cómo descubrir tu motivación real? Con los siete porqués.
¿Para quién estás emprendiendo de verdad?
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