Un viernes de verano, a media mañana, me sonó el teléfono. Era la coordinadora de personal de mi empresa: el trabajador que tenía que hacer dos trabajos en Marsella al día siguiente había tenido un problema personal y no podía ir.
Ese fin de semana yo no iba a trabajar. Tenía planes con mi pareja, con la que acababa de empezar a salir. Nada especial, alguna cena con amigos. Pero eran planes.
Unas horas después estábamos en un coche camino de Marsella.
Ahora te cuento cómo acabó. Pero primero, la respuesta corta: si tu negocio no puede funcionar un par de días sin ti, no te está dando libertad. Te has creado otro empleo. Uno en el que el jefe eres tú.
¿Cómo te das cuenta de que te has creado otro empleo?
Donde lo vi clarísimo fue en mi empresa de fotografía inmobiliaria y escaneo 3D.
Yo huía de los horarios. Manejar mi tiempo con libertad era lo más importante para mí, y por eso emprendía. Pero cuando la empresa creció, pasé a tener una estructura de empleados con horario fijo. ¿Y qué pasó? Que tuve que adaptarme a su horario y estar disponible cuando ellos trabajaban.
Joder. Había montado un negocio para ser libre de tiempo y me había hecho la zancadilla yo solo.
Y cuanto más crecía, peor. Una estructura más grande es una estructura más rígida, y yo tenía cada vez menos flexibilidad hasta para tomar decisiones.
Ojo, no digo que un horario sea malo. Al principio, sobre todo en tus primeros negocios, vas a tener que dedicarle muchas horas. Y si todavía no sabes trabajar por objetivos y centrarte en lo importante, marcarte un horario y seguir una rutina es lo mínimo. Si no, posiblemente no te funcione.
Pero yo emprendía para decidir mis horarios. En realidad, todo el mundo decide su horario. Lo que pasa es que la mayoría decide que se lo marque otra persona.
Para mí, decidirlo significa dos cosas. Primero, organizarlo alrededor de lo que es importante en mi vida. Y segundo, respetar mis ritmos: cuándo tengo más energía y cuándo menos. Porque si voy a aportar valor, quiero hacerlo con la energía más alta posible. Si me obligo a hacerlo cuando no la tengo, lo único que consigo es aportar menos.
¿Qué diferencia hay entre tener un negocio y ser autoempleado?
El autoempleo es la primera fase de casi todos los negocios. Salvo que arranques con capital para montar un equipo desde el primer día, lo normal es que al principio hagas tú casi todo, precisamente para no gastar en personal lo que todavía no tienes. Y según crece, lo vas convirtiendo en un negocio.
Para mí, un negocio es un sistema que funciona aunque tú no estés, o en gran parte aunque tú no estés. El autoempleo depende al cien por cien de que tú estés en un sitio y en un momento concretos aportando valor.
En mi primera empresa, conseguir eso significaba contratar, formar y coordinar personal. Hoy ha cambiado mucho. El valor puede quedar guardado en otras herramientas: vídeos, blogs, inteligencia artificial. Materiales que siguen aportando valor sin depender de tu tiempo ni de que estés en un lugar concreto.
Que el sistema funcione sin ti no significa que no le dediques tiempo. Probablemente le dediques el mismo. Pero lo dedicas a alimentar el sistema, no a sustituirlo.
Este blog es un ejemplo. Forma parte de mi sistema. Aquí intento darte valor real, basado en mi experiencia. Y ese valor no va anclado a que compres nada: te lo llevas seas cliente o no. Yo le dedico tiempo a escribirlo, pero luego está trabajando todo el rato en internet, atrayendo a personas interesadas en estos temas. Y si alguna decide dar el paso, podrá conocer mi negocio.
El problema es que la mayoría de empresarios nunca llevan su negocio hasta ese punto. Siguen siendo imprescindibles y acaban atados a estar. Sin darse cuenta, y muchas veces por no valorar lo suficiente su propio tiempo, han convertido su negocio en su propio autoempleo.
¿Qué te quita un negocio que se ha convertido en un empleo?
Mientras el negocio crece, normalmente no te das cuenta de lo que estás sacrificando. Lo notas cuando cambia otra área de tu vida, la salud o las relaciones. Al final hay tres áreas clave: salud, dinero y amor.
En mi caso fue el amor.
En aquella época pasaba unos 25 días al mes fuera de casa. Y justo en un momento algo más tranquilo empecé a salir con mi pareja. Para mantener una relación necesitas tiempo, y para tener tiempo necesitas poder planificar.
Vuelvo a aquel viernes. Le digo a la coordinadora que pruebe con otras personas que hablaban francés. Me dice que parece que una puede y que ahora me confirma. Respiro. Me voy a comer a un restaurante donde estaba mi pareja con dos amigas. Les cuento que he estado a punto de tener que irme a Marsella en coche, porque no había vuelo. Y ella me dice: "No pasa nada, si vuelve a pasar, me voy contigo".
Hostia, qué guay, pensé. Lo entiende y hasta le parece divertido.
Cinco minutos después me vuelve a sonar el teléfono. Cuelgo y le pregunto: "¿Sigue en pie lo de venirte conmigo?". Me dice que sí. "Pues vete a casa a por ropa, que yo voy a por el coche. En una hora nos vemos y nos vamos para Marsella".
Como regalo, en el alquiler nos dieron un coche de alta gama. Pero fue una paliza. Salimos el viernes a las siete de la tarde, paramos a dormir en Girona a la una de la madrugada y a las cinco estábamos en pie para llegar a Marsella antes de las nueve. Hicimos los dos trabajos, bajamos a Barcelona a cenar con unos amigos y el domingo volvimos a Madrid. Iba tan cansado que tuve que parar a echar una siesta.
Una vez, es una aventura. Dos o tres, también. Pero cuando pasa una o dos veces cada mes, ya no es divertido. Ya no puedes hacer planes. Y la otra persona entiende, con razón, que la relación no es tu prioridad.
Creo sinceramente que ahí es donde más me limité.
Y no solo con la pareja. Un año llegué a coger más de 50 aviones y a dormir en más de 150 hoteles. Viajar es importante para mí, y eso lo buscaba. Pero recuerdo estar en sitios preciosos, que me encontraba yendo de un reportaje a otro o de camino al hotel, pensando: "Ojalá estuvieran aquí mis amigos, lo íbamos a disfrutar muchísimo".
Viajaba mucho, pero no a donde yo quería ni con quien yo quería. El calendario lo marcaba el cliente.
¿Por qué muchos emprendedores trabajan más horas que cuando tenían jefe?
Primero, porque cambias un jefe de fuera por uno de dentro. Y ese no descansa nunca. Pueden ser las once de la mañana en la oficina o la una de la madrugada viendo esa película que tanto querías ver, y aparece la vocecita: "deberías hacer esto", "no has hecho lo otro", "¿y si no te pagan?".
En tu cabeza siempre hay dos voces. La que te asegura que va a pasar todo lo malo. Y la que te dice que no hace falta controlarlo todo, que si pasa algo lo sabrás manejar, lo aceptarás y seguirás adelante. Por eso el autoconocimiento es fundamental para un empresario. Y casi nadie lo ha trabajado, ni antes de montar su empresa ni durante. Es un problema, porque vas a pasar mucho tiempo solo, y porque tu negocio depende de hablar con muchísimas personas.
Segundo, porque desde pequeños nos enseñan que el valor es el tiempo. En el colegio lo primero es la asistencia y luego la nota: si no vas, suspendes. Y en el trabajo, ¿qué es lo primero que te dicen? No tus funciones: tu horario. Así que llegamos al negocio con una idea grabada a fuego: si quiero ganar más, tengo que echar más horas.
Y es justo al revés. Lo único importante en un negocio es aprender a aportar más valor en el mismo tiempo o en menos. Eso es lo que te da libertad de verdad. Porque lo importante no eres tú, sino el sistema que eres capaz de construir, mantener y mejorar.
Tercero, porque la responsabilidad del negocio recae al cien por cien sobre el empresario. Y no hablo en sentido figurado: legalmente también. Así que hará lo que sea para que funcione. Y como no sabe hacerlo de otra manera, lo hace a base de horas.
Y cuarto, porque la mayoría vive desde la escasez y ancla su tiempo al dinero. ¿Hay dinero? Trabajo. ¿No hay? Tengo que trabajar más. Yo lo he hecho durante mucho tiempo, y de vez en cuando me sigue pasando. Pero el dinero se crea todos los días. El tiempo es el que es: no puedes tener un día de 27 horas. El dinero tiene que trabajar a favor de tu tiempo y de tu energía, no al revés.
¿Está mal dedicarle toda tu vida al negocio?
Conozco empresarios, con éxito y sin él, a los que les encanta trabajar de siete de la mañana a once de la noche. Si es lo que eligen, perfecto. Probablemente tendrán una empresa muy próspera. Pero posiblemente también una salud de mierda, a base de dolores y pastillas, y unas relaciones personales y familiares igual de malas. Porque todo gira alrededor del trabajo.
Como dice Sergio Fernández, la vida es una rueda: salud, relaciones y dinero. Si una parte está plana, la rueda no gira bien y el coche va dando saltos. Para equilibrarla necesitas saber qué quieres en cada área, marcarte objetivos y darle a cada una su tiempo. Y revisarlo cada cierto tiempo: qué estilo de vida quiero, si lo tengo o no, qué es lo siguiente que voy a mejorar. La mayoría nunca se lo ha preguntado.
Lo que yo te diría es esto:
Ten claro para qué montas tu negocio: cuáles son tus valores y tus objetivos de tiempo y de dinero.
Busca un sistema que te permita conseguirlos con algo que encaje con esos valores.
Que sea algo que el cliente valore, pero que no dependa de que estés tú entregándoselo.
¿Cómo saber si tu negocio te da libertad o te tiene atrapado?
Hay dos preguntas muy sencillas.
La primera: si hoy te llama alguien que de verdad te importa y te dice que está mal y necesita pasar dos días contigo, incluso irse de viaje, ¿podrías desaparecer mañana y pasado sin que tu negocio se caiga? Da igual que sea tu mejor amigo, tu pareja, tu hijo, tu padre o tu hermano.
La segunda: si quien necesita parar eres tú, porque necesitas descansar, ¿podrías levantar la mano y decir "mañana no estoy" antes de que llegue el fin de semana?
Si la respuesta a alguna de las dos es no, tu negocio no te está dando libertad. Te está pidiendo que fiches.
¿Cómo es mi semana hoy?
Hoy soy cien por cien dueño de mi tiempo. Cualquier reunión que tengo es porque yo elijo ponerla, en el horario que yo elijo. Cualquier viaje que hago es porque yo elijo hacerlo.
Hay tres citas al año y una al mes a las que no falto nunca. Pero porque yo lo elijo: son cosas de comunidad, me apetecen y sé que son buenas para hacer crecer mi negocio. Podría no ir.
Además, este es mi quinto negocio y el primero en el que he conseguido también libertad de lugar. Tengo un sistema que da valor sin que yo esté. Mi tiempo no está anclado al negocio. Ni siquiera lo está mi conocimiento.
Y eso, después de todo lo que te he contado, es maravilloso.
En resumen
¿Tu negocio te da libertad o es otro empleo? Si no puede funcionar un par de días sin ti, es otro empleo.
¿Qué diferencia hay entre negocio y autoempleo? El autoempleo depende de que estés tú. Un negocio es un sistema que funciona estés o no.
¿Es malo empezar como autoempleado? No. Es la primera fase de casi todos los negocios. El problema es quedarse ahí.
¿Por qué los emprendedores acaban trabajando más horas? Por el jefe interno, por creer que el valor es el tiempo, por cargar con toda la responsabilidad y por anclar el tiempo al dinero.
¿Cómo lo compruebo? Pregúntate si podrías desaparecer dos días por alguien que te importa, o por ti mismo.
¿Qué hacer? Tener claro para qué emprendes, construir un sistema y revisar tus objetivos de salud, relaciones y dinero cada cierto tiempo.
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