Cerrar mi empresa de fotografía a tiempo me habría costado 25.000 €. Seguir me costó casi 200.000. Lo sabía, o al menos lo intuía, y aun así seguí. No es la única vez: me he quedado más tiempo del que debía en negocios, en formas de trabajar y hasta en relaciones de pareja. Así que te hablo de lo malo conocido desde dentro: por qué nos quedamos, qué es lo que por fin nos mueve y el ejercicio que yo haría con alguien que sabe que no está bien donde está.

¿Por qué nos quedamos donde no estamos bien?

Por apego.

Nos quedamos más tiempo del que deberíamos en aquello a lo que tenemos más apego emocional. Y a lo que más apego le tenemos es a lo que hemos creado nosotros, a lo que depende de nosotros.

Si lo pensáramos en frío, sin emociones, lo habríamos dejado mucho antes. Pero no lo pensamos en frío.

Con mi empresa no fue solo quedarme demasiado tiempo. Fue no tomar la decisión más inteligente cuando la tenía delante. Lo cuento en cuánto debería depender tu negocio de un solo cliente.

¿De qué tenemos miedo en realidad?

De perder.

Cuando toca cambiar algo importante, pensamos en lo que vamos a perder, o en lo que sentimos que vamos a perder. No en lo que vamos a ganar.

Nos da miedo el cambio. Nos da miedo perder lo que ya tenemos, lo conocido. Y nos da tanto miedo que, en lugar de pensar en todo lo que podemos ganar tomando una decisión, nos centramos en todo lo que va a cambiar y que no queremos que cambie.

En mi caso, sobre todo era esto: algo que me había costado mucho conseguir. Y cuando por fin lo tienes, lo que quieres es mantenerlo el máximo tiempo posible.

El problema es que, en realidad, no mantienes nada. Solo retrasas lo inevitable.

¿Qué es lo que por fin te hace moverte?

En mi caso, casi siempre, la propia situación.

Siendo sincero, en las cosas verdaderamente importantes he tomado las decisiones tarde. No me moví porque lo viera venir. Me moví cuando la situación ya no daba más de sí.

Y eso es un problema. Porque cuando esperas a que la situación decida por ti, ya no eliges. Te empujan.

¿Cómo evitar decidir demasiado tarde?

Teniendo a alguien que no tenga apego emocional a tus decisiones.

Lo he dicho siempre: necesitas un mentor o una persona de confianza que te diga lo que no quieres oír. Alguien que no tenga más interés en tu decisión que tu bienestar. Y no a corto plazo, sino a medio y largo.

Una persona así ve lo que tú no ves, porque no está enganchada a lo que tú estás enganchado.

Lo cuento con más detalle en mi libro, Tu empresa va a quebrar, pero tú puedes sobrevivir. Es una de las cosas que más me habría gustado tener cuando más lo necesitaba.

¿Qué excusas se oyen para no cambiar nada?

Hablo con mucha gente que se plantea montar algo propio. Y las excusas casi siempre son las mismas:

  • "Es que no puedo."

  • "Es que no sé hacerlo de otra manera."

  • "Es que mi familia…"

  • "Es que ahora no es el momento."

  • "Sería demasiado cambio."

En el fondo, todas dicen lo mismo: quiero que todo siga como está.

Lo que cuesta entender es que no va a pasar nada nuevo en tu vida si no tomas decisiones diferentes. Y las que de verdad cambian algo suelen ser las difíciles.

Puedes empezar por las fáciles, eso sí. Hace poco le escuché a Sergio Fernández una idea que me gustó: póntelo de rebajas. Empieza por cosas sencillas y luego pasa a las difíciles. Pero, sea por unas o por otras, tienes que empezar.

¿Hay casos en los que quedarse con lo conocido es lo correcto?

Sí: en lo que no es importante para ti.

Si algo te da igual, deja que otro innove y decide después en base a su experiencia. No pasa nada.

Pero aquí no hablamos de eso. Hablamos de las cosas importantes. Y para mí la clave es tener pocas cosas en la vida, poner el foco en pocas, pero que todas sean importantes: salud, dinero y amor. Ya está.

En esas, quedarse en lo malo conocido sale muy caro.

¿Qué le diría a alguien que sabe que no está bien, pero no se mueve?

Le llevaría al futuro.

Primero le preguntaría por su situación de hoy. Qué es lo peor que está viviendo, qué es lo que más le cabrea, qué es lo que más ansiedad le crea.

Después le pediría que cerrara los ojos. Nos vamos cinco años al futuro. Vives exactamente la misma vida: mismos horarios, mismo sueldo, mismos problemas, mismas personas alrededor. ¿Cómo te sientes?

Luego nos iríamos veinte años más allá. Si hoy tienes 40, ahora tienes 60. Llevas veinte años con el mismo horario, levantándote a la misma hora, escuchando los mismos comentarios, con los mismos problemas de dinero y repitiendo la misma cantinela. ¿Cómo te sientes?

Y por último, le llevaría al momento justo antes de morir. A que repase su vida. ¿Qué importancia tiene ahora ese miedo que hoy te frena? ¿De qué te arrepientes?

Casi nadie se arrepiente de lo que intentó. Se arrepiente de lo que no se atrevió a cambiar.

En resumen

  • ¿Por qué preferimos lo malo conocido? Por el apego a lo que hemos creado y a lo que ya tenemos.

  • ¿De qué tenemos miedo? De perder, no de lo que podríamos ganar.

  • ¿Qué nos hace movernos al final? Muchas veces, que la situación ya no da más de sí.

  • ¿Cómo evitar decidir tarde? Con un mentor o una persona de confianza sin apego a tu decisión.

  • ¿Qué excusas son las más comunes? "No puedo", "no sé de otra manera", "mi familia", "ahora no es el momento".

  • ¿Cuándo es correcto quedarse? En lo que no es importante para ti.

  • ¿Qué ejercicio ayuda a decidir? Imaginar tu misma vida dentro de 5 y 20 años, y repasarla justo antes de morir.

¿En qué parte de tu vida llevas más tiempo del que deberías?

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