Durante años, irme dos semanas de viaje era un problema. No por el viaje, sino por la empresa.
Tenía una empresa de fotografía inmobiliaria con unas 50 personas repartidas en cuatro países. Podría haberme ido de crucero, claro. Lo que no habría podido es disfrutarlo. Me habría pasado el viaje mirando el correo, pendiente de que no se rompiera nada.
Hoy viajo mucho. He recorrido 18 países y, del 5 al 19 de octubre, hice mi crucero número 14: Noruega, solo, en un camarote exterior con ventana, buscando auroras boreales.
No dejé nada programado antes de embarcar. Seguí trabajando desde el barco igual que trabajo desde casa.
Entre aquella situación y esta ha mejorado el wifi de los barcos, pero sobre todo ha cambiado cómo está montado mi trabajo. De eso va este post: de si se puede trabajar de verdad desde un crucero y de qué hace falta para que, además, puedas disfrutarlo.
¿Por qué antes no podía irme de viaje tranquilo?
Porque mi negocio dependía de que yo estuviera disponible.
En un negocio tradicional de servicios, la entrega es tuya. Si un cliente tiene un problema, hay que resolverlo ya. Si algo falla, alguien te llama. Puedes dejar al equipo a cargo, pero necesitas un equipo muy bien formado para irte tranquilo. Y, aun así, acabas mirando el correo cada poco.
Eso no se arregla con un buen wifi. Puedes tener la mejor conexión del mundo y seguir sin poder desconectar. El problema no era la técnica. Era el modelo.
Cuando cerré esa etapa y empecé en la venta directa en el sector de los viajes, tardé en darme cuenta de lo mucho que cambiaba esto. Hoy trabajo con un club de viajes. La entrega no la hago yo: la hace la empresa con la que estoy asociado. Eso, para viajar, lo cambia todo.
¿Funciona de verdad el wifi en un crucero?
Sí. Y mucho mejor que hace unos años.
En otros cruceros había intentado cosas que fallaban: llamadas que se cortaban, conexiones que no daban para trabajar en serio. Desde que muchos barcos usan Starlink, y han mejorado la cobertura dentro del barco, la experiencia es otra.
En Costa, que es la naviera con la que viajé, suele haber dos tipos de paquete. Uno básico, pensado para WhatsApp y redes sociales, con bastantes limitaciones: no sirve para videollamadas ni para directos. Y uno completo, sin límite de datos, con el que puedes hacer de todo.
Esta vez contraté el completo para un solo dispositivo y lo fui cambiando según lo que necesitaba. La mayor parte del tiempo lo tenía en el ordenador para trabajar. El móvil lo conectaba de vez en cuando, porque este viaje también era para desconectar un poco.
Hice videollamadas, Zooms y directos, y trabajé con inteligencia artificial sin problemas.
Y repetí una prueba que otras veces me había fallado. Estaba en una videollamada en la planta 9 y bajé andando por las escaleras hasta la planta 2, la de mi camarote. No perdí la conexión ni la calidad en ningún momento. En el ascensor sí se corta, pero es lo normal: estás dentro de una caja metálica.
Lo único que iba más lento era subir vídeos a iCloud. En los cruceros grabo mucho contenido para mi blog de viajes. Si no lo conoces, pásate por mejorencrucero.es: ahí está todo lo que cuento sobre viajes.
En los puertos tiraba de datos en el móvil. Para el ordenador, siempre el wifi del barco.
¿Cómo se organiza un día de trabajo a bordo?
Igual que en tierra, pero con otra prioridad.
En mi día a día dedico unas cuatro horas al negocio, y nunca seguidas: un rato por la mañana, otro a mediodía y otro por la tarde. Ese reparto es lo que hace posible trabajar viajando. No necesito un bloque de ocho horas delante de una pantalla, sino ratos bien aprovechados.
En el barco bajé un poco el ritmo. Muchos días le dedicaba dos o tres horas; los de navegación, algo más. Redactar los posts y la newsletter me llevaba entre media hora y una hora, casi siempre por la mañana.
Lo hago por voz, así que necesito un sitio tranquilo. Para eso, el camarote.
Mi sitio favorito para el resto del trabajo es el buffet en las horas en que está cerrado. Tiene ventanales enormes que dan al mar, mesas amplias y casi nadie alrededor. Contestar mensajes o preparar una llamada mientras ves el mar, o una ciudad nueva desde el puerto, cambia mucho la sensación de estar trabajando.
¿Qué pasa con tu rutina cuando el barco llega a puerto?
Que deja de ser tu rutina. Y es lo que tiene que pasar.
En casa, tu día se adapta a tu horario. En un crucero, tu horario se adapta a lo que quieres ver. Si intentas mantener la misma rutina de siempre, te pierdes el viaje.
Cuando el barco atracaba a las 8 de la mañana, mi prioridad era bajar de los primeros. Me levantaba, leía un rato, desayunaba y a las 8:30 estaba en tierra. Volvía sobre las 2 de la tarde. Alguna vez dictaba algo mientras paseaba, pero lo normal era dedicarme a la ciudad.
Y luego estaban las auroras, que eran el motivo del viaje. Las vi cinco noches. Esos días, el trabajo se movía alrededor del cielo, no al revés.
Si tienes un negocio con libertad de horarios y de ubicación, es precisamente para usarla. Si no la usas, ¿para qué la quieres?
¿Se puede hacer negocio en un crucero sin perseguir a nadie?
Se puede. Y creo que es la única forma de hacerlo bien.
Esto también ha cambiado en mi manera de trabajar. Hace tiempo que dejé de ir detrás de la gente. Me relaciono con las personas, en un barco o en tierra, y si el tema sale, converso.
En un crucero el tema sale solo. Preguntas cómo viaja la otra persona, ella te pregunta a ti, y la conversación avanza.
Acabé presentando el club de viajes a nueve personas. En ningún caso lo propuse yo: fueron ellas las que me pidieron que les contara más. Casi todas lo vieron como viajeras. Dos lo vieron como negocio.
Lo que me llevo es que no hay que mostrar necesidad. Si sabes que lo que tienes es bueno, no hace falta perseguir a nadie. La gente se acerca sola.
¿Qué me enseñó un empresario mexicano sobre trabajar de viaje?
Una de esas conversaciones fue con un empresario mexicano con el que hice bastante relación durante el crucero. Tiene un negocio tradicional en México, con activos inmobiliarios de por medio.
Me contó cómo trabajaba a bordo: de 11 de la noche a 2 o 3 de la madrugada. Sin videollamadas, solo emails y conversaciones con su equipo.
Su equipo no sabía que estaba de crucero. Llevaba más de un mes fuera de México y prefería que no se supiera. Según me dijo, no les pagaba mal, pero no quería que pensaran que vivía mucho mejor que ellos y acabaran quejándose del salario.
Me quedé pensando en eso. Tienes un negocio que funciona, puedes permitirte viajar, y tienes que esconder que vives bien. Trabajas de madrugada para que nadie note que no estás.
Me resultó familiar. No porque yo hiciera lo mismo, sino porque con mi empresa anterior me habría pasado algo parecido: estar de viaje sin estar del todo.
¿Qué tipo de negocio te deja trabajar y disfrutar del viaje?
El que no te obliga a apagar fuegos.
Trabajar desde un crucero es posible con casi cualquier negocio. Disfrutar del crucero, no tanto. La diferencia está en dos cosas: quién hace la entrega y cuánta urgencia hay en tu día a día.
En mi caso, la entrega la hace la empresa con la que trabajo. Sé cómo trabaja y estoy pendiente por si pasa algo, pero no hay urgencias. Los viajes se planifican con mucho tiempo y, si surge algo de última hora, lo gestiona el propio cliente directamente con la empresa.
Por eso puedo trabajar un rato por la mañana, bajar a ver un puerto, volver, hacer una llamada y subir por la noche a cubierta a esperar las auroras. Sin esconderme de nadie.
En resumen
¿Funciona el wifi en un crucero? Sí. Con el paquete completo hice videollamadas, directos y mi trabajo diario sin problemas.
¿Cuántas horas se trabaja a bordo? En mi caso, entre dos y tres la mayoría de los días, repartidas, y algo más en los días de navegación.
¿Dónde se trabaja mejor? En el camarote para concentrarse y en el buffet cuando está cerrado, con vistas al mar.
¿Hay que adaptar la rutina? Sí. A bordo, el horario se adapta a los puertos y a lo que quieres vivir.
¿Se puede hacer negocio en un barco? Sí, conversando sin perseguir a nadie.
¿Vale cualquier negocio? Para trabajar, casi cualquiera. Para disfrutar del viaje, solo uno en el que no tengas que apagar fuegos.
¿Tu negocio te dejaría irte dos semanas de viaje sin tener que esconderte?
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